Carnaval, mujer y patriarcado


Recuerdo que por los años 70 mi mamá era joven y las mujeres trabajadoras iban en minifalda —si, en minifalda— a laborar tanto en instituciones públicas, como en empresas privadas. Ese y muchos otros fue el legado de aquellas luchas de los años 60, fechas que marcaron cambios y conquistas sociales a favor de las llamadas minorías (que no lo son), las mujeres y los trabajadores.

Desde mi posición de ciudadana he visto cómo los valores que nos guían se han ido tergiversando hasta orillarnos nuevamente al lugar donde el sistema patriarcal nos mantiene a través del fundamentalismo religioso y el neoliberalismo económico: en el miedo, el silencio, la ignorancia, la resignación, la culpa, el individualismo. Es decir, en la nueva esclavitud que opera desde nuestra mente por la falta de pensamiento crítico, por la falta de compromiso ciudadano en la búsqueda de acciones sociales de mejora, por la falta de apoyo de las instituciones y por la falta de sororidad... Si, hasta nosotras mismas nos dejamos solas y sin apoyo.

No todo lo legal es ético ni moral. Recordemos que en Panamá y todo el mundo occidental la colonización, la esclavitud y el racismo estaban amparados por la ley, bendecidos por la religión. Y no fue hasta bien entrado el siglo XX que en nuestro país se dejaron atrás sistemas discriminadores como el silver roll y el gold roll, la ubicación separada —para blancos y negros— de baños y asientos en buses públicos; y el no derecho al voto y el menor acceso de la mujer a la educación.

Tampoco toda palabra dicha por un religioso está inspirada en el respeto, los derechos humanos y la ley; y a veces ni siquiera en la palabra del dios en que dicen creer.

Vemos que aun permea la discriminación heredada en nuestra estructura social, aunque maquillemos la hipocresía al negarlo. Las violencias han persistido y otras, parcialmente superadas, han ido surgiendo sutilmente desde las sombras y han ido imponiéndose en una sociedad donde no tenemos claro ni quiénes somos y vivimos en la precariedad, sumidos en la incertidumbre, la desigualdad y la indiferencia.

Hemos llegado al límite, donde las agresiones cotidianas hacia la mujer se invisibilizan y cada día nos sorprende un titular más morboso que el anterior, donde hasta el lenguaje apunta al prejuicio y el irrespeto hacia la víctima y sus familiares; donde la responsabilidad por haber sido agredida recae en la víctima y no en el agresor.

Las recientes declaraciones de un funcionario sobre la revisión a la vestimenta de las mujeres que participen en el carnaval, demuestra la discriminación hacia la mujer en nuestra estructura social. Violencia ejercida por individuos que sucumben a sus propios demonios, pero se justifican pues para ellos el "demonio" siempre ha sido la mujer: la que provoca, la bruja, la que los hace caer en tentación. Ellos: pobres, incapaces y débiles. Ellas: agredidas, violentadas y muertas por tentar al macho.

Las "ropas sugestivas" no son la causa de la violencia estructural y normalizada. Una minifalda, un escote, un pantalón cachetero, un suéter ombligo afuera, etc. no incitan a nadie en una sociedad civilizada— a la violencia. Con toda seguridad, los antivalores sociales y/o algunas enfermedades mentales pueden propiciarla. Pero, básicamente una mal entendida masculinidad, el machismo que se impone para dominar a los otros, para violentar espacios y cuerpos, la violencia aprendida y propagada (en la familia, la comunidad, la sociedad y los medios de comunicación) constituyen la causa.

Es decir: es el patriarcado, como sistema de dominio y poder, lo que causa la agresión y la violencia sistemática hacia los sujetos a quienes considera débiles, inferiores, de su propiedad; en este caso, las mujeres.

Sistema de dominio ejercido en las declaraciones del funcionario en representación de toda la cosa pública patriarcal, violenta y fundamentalista, que poco a poco nos está retornando a la barbarie.

Aura S. Benjamín M.

Comentarios

  1. Considero muy acertado tu artículo. Han sido siglos de abuso; erradicar o cambiar el dominio y poder sobre los más frágiles tomará años pero se están viendo cambios. Te deseo éxito.

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