Análisis de tres poemas de Pablo Neruda
Nacido en 1904, Neruda fue un escritor chileno que transitó por distintos períodos y estilos escriturales durante cincuenta años de vida literaria. Su obra acompañó las rupturas y renovaciones que tuvieron lugar durante el siglo XX, época de grandes transformaciones históricas, sociales y tecnológicas. Le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura en 1971, dos años antes de su muerte, en 1973.
De su libro Residencia en la tierra (1931-1935), el más transgresor de Neruda y que marca su etapa surrealista, se abordan dos poemas: Walking around y El reloj caído en el mar. De Odas elementales (1954), que visibiliza la conciencia social del autor y escribe a lo cotidiano, el poema Hombre invisible.
Tanto Walking around como El reloj caído en el mar expresan los códigos de la vanguardia surrealista y reflejan la crisis de fragmentación, surgida en el contexto de crisis económica capitalista. Vemos el yo lírico en desintegración, una visión caótica del mundo desde donde fluye el inconsciente personal y colectivo. El poeta nos instala, alucinante, en un cuadro-mundo hostil donde no encuentra lugar habitable y la soledad lo derrumba. Se interna en sí mismo, «allí donde las imágenes preceden a las ideas» (Yurkievich, 2007, p. 26). Según Barzuna (1997-1998), «el vanguardismo hispanoamericano se relaciona con el modo y las condiciones en que se vive la crisis internacional de la posguerra y la depresión del 29» (p. 130).
Ambos poemas se dividen en estrofas de variable número de versos. Walking around tiene diez estrofas: seis de cuatro versos, una de tres; y otras tres, de seis. El reloj caído en el mar consta de cinco estrofas: tres de cuatro versos y dos de nueve. El verso es largo, representando el caos extendido, el abismo interior; y se configura libre, musical y con multiplicidad de cuadros desbordantes.
En Walking around el tema es el sin sentido circular del hablante lírico. Neruda incluye el cisne, símbolo del modernismo en Hispanoamérica, y lo hace navegar «en un agua de origen y ceniza», figura que alude al abandono, al agotamiento, y pide «un descanso de piedras», ser enterrado como raíz, para «no ver establecimientos ni jardines». El poema estalla cuando «el día lunes arde como petróleo [...] aúlla como rueda herida», significando que el poeta gime y se consume en un fuego que lo abrasa desde su interior. Está aprisionado en sí mismo en su «cara de cárcel», donde atisba la muerte: «huesos que salen por la ventana», y percibe «olor a vinagre», la amargura que lo abate. Los «pájaros color de azufre y horribles intestinos» denotan la muerte, la descomposición, el horror... Como el cuadro de Picasso: Guernica; o El infierno, de El Bosco. El hombre mira al hombre en «hay espejos» y esta mirada provoca alucinaciones de «ropas colgadas de un alambre», vestigio triste donde antes hubo vida y ahora, soledad y desamparo.
El reloj caído en el mar —que alude al cuadro de Dalí, La persistencia de la memoria—, habla del tiempo y la angustiosa sensación de acabamiento que sobreviene con su paso, la visión de quietud y silencio ante la muerte, que disipa todo en medio de «tanta luz sombría», en un «domingo detenido en el mar», ante la «humedad transparente» de la propia mirada horrorizada. El tiempo pasa como «signo de agua», que ni «los dedos ni la luz apresaron» (la vida se escurre entre las manos), en un espacio de «pétalos del tiempo», pétalo (yo lírico) que cae, implacable, «en una confusa huella sin sonido ni pájaros», desvanecido «bajo el agua temible», aunque su centro vital aun ondule, palpitante.
Entre los recursos literarios están: la anáfora, dando énfasis sonoro en: «Sucede que me canso de ser hombre./ Sucede que entro en las sasterías y en los cines»; «No quiero para mí tantas desgracias./ No quiero continuar de raíz y de tumba»; «mucho más estimable que un abanico roto,/ mucho más silenciosa que un pie desenterrado». El polisíndeton, breve pausa necesaria para añadir ritmo, en: «ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores», así como en «y venenos, y ombligos». La metáfora se presenta en «cisne de fieltro», «cara de cárcel», «luz sombría», «signo de agua», «pétalos del tiempo», «agua temible», imágenes que causan sensaciones divergentes y contrapuestas ante los sentidos. Hay un símil en: «marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro»; y un encabalgamiento en «de bodega con muertos/ateridos,».
En Hombre invisible, Neruda reconoce y se reconoce en la conciencia colectiva y brinda su voz a lo esencial, asumiendo el compromiso de convertirse en cronista de lo cotidiano. Recurre a la oda como estructura, utiliza el verso corto —en ocasiones de una sola palabra—, en un poema que contiene doscientos cuarenta y cuatro versos que enlazan una multitud de elementos, dando una mirada atenta hacia lo que le rodea: los objetos, los oficios, las flores, la ciudad, la vida diaria, la gente. El verso es libre, cadencioso, multicolor y cercano.
Se observa un bello ritmo discursivo en: «disparan,/ disparan contra el pueblo,/ es decir,/ contra la poesía» y «todo me pide/ que hable,/ todo me pide/ que cante y cante siempre», porque «la vida es una lucha/ como un río que avanza», por eso «debo anotar lo que pasa/ y no olvidar a nadie», así que «dadme/ todo el dolor/ de todo el mundo,/ yo voy a transformarlo/ en esperanza», «dadme/ todas las alegrías», que «yo tengo que contarlas». El poeta se convierte en embajador de los sueños y los exige con la fuerza de su palabra poética.
Las figuras utilizadas: el símil en «la vida es una lucha/ como un río que avanza; la anáfora en «no hay misteriosas sombras,/ no hay tinieblas»; una metáfora visionaria en «insecto color de violín», que alude a lo visual, lo auditivo y lo táctil como el arte primigenio. Se revela la «visibilidad del poeta viejo y [...] en contraposición el nuevo poeta se define por su invisibilidad, producto de la anulación del yo» (Barzuna, 1998, p. 45), en: «yo no tengo importancia/ no tengo tiempo/ para mis asuntos». El poema otorga esperanza, pues «el poeta conoce el futuro, la posibilidad de realización de una sociedad justa» (Barzuna, 1998, p.45).
Neruda construye un andamiaje poético que trasciende su propia visión de mundo y posee la singularidad de atravesar el espacio-tiempo. Los tres textos están dotados de una luminosa musicalidad, solidez intelectual y buen manejo de la figura retórica. También revelan un cambio importante en la trayectoria literaria del autor —transformación evidente en su oda Hombre invisible—, entre el poeta joven, centrado en su yo lírico e inmerso en su microcosmos síquico (etapa surrealista), y el poeta en su madurez, que abarca el macrocosmos social y humano desde el que indaga la realidad propia y la de los demás, con quienes comparte las mismas experiencias vitales y transformaciones necesarias.
Referencias y Bibliografía
Barzuna, G. (1997-1998). Pablo Neruda y el discurso de las vanguardias. Revista Estudios, 14-15, 129-134.
Barzuna, G. (1998). Una lectura de la poética en residencia en la tierra y en las odas elementales de Pablo Neruda. Repertorio Americano, 6, 40-48.
Neruda, P. (1990). Odas Elementales. Barcelona: Planeta.
Neruda, P. (2018). Antología General. Barcelona: Penguin Random House.
Yurkievich, S. (2007). A través de la trama: Sobre vanguardias literarias y otras concomitancias. Iberoamericana Editorial Vervuert.
ANEXOS
WALKING AROUND
Pablo Neruda
Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando en un agua de origen y ceniza.
El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.
Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.
Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío.
No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.
No quiero para mí tantas desgracias.
No quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos
ateridos, muriéndome de pena.
Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.
Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.
Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
hay espejos
que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.
Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran
lentas lágrimas sucias.
EL RELOJ CAÍDO EN EL MAR
Pablo Neruda
Hay tanta luz sombría en el espacio
y tantas dimensiones de súbito amarillas,
porque no cae el viento
ni respiran las hojas.
Es un día domingo detenido en el mar,
un día como un buque sumergido,
una gota de tiempo que asaltan las escamas
ferozmente vestidas de humedad transparente.
Hay meses seriamente acumulados en una vestidura
que queremos oler llorando con los ojos cerrados,
y hay años en un solo ciego signo del agua
depositada y verde,
hay la edad que los dedos ni la luz apresaron,
mucho más estimable que un abanico roto,
mucho más silenciosa que un pie desenterrado,
hay la nupcial edad de los días disueltos
en una triste tumba que los peces recorren.
Los pétalos del tiempo caen inmensamente
como vagos paraguas parecidos al cielo,
creciendo en torno, es apenas
una campana nunca vista,
una rosa inundada, una medusa,
un largo latido quebrantado:
pero no es eso, es algo que toca y gasta apenas,
una confusa huella sin sonido ni pájaros,
un desvanecimiento de perfumes y razas.
El reloj que en el campo se tendió sobre el musgo
y golpeó una cadera con su eléctrica forma
corre desvencijado y herido bajo el agua temible
que ondula palpitando de corrientes centrales.
HOMBRE INVISIBLE
Pablo Neruda
Yo me río,
me sonrío
de los viejos poetas,
yo adoro toda
la poesía escrita,
todo el rocío,
luna, diamante, gota
de plata sumergida,
que fue mi antiguo hermano,
agregando a la rosa,
pero
me sonrío
siempre dicen «yo»
a cada paso
les sucede algo,
es siempre «yo»,
por las calles
solo ellos andan
o la dulce que aman,
nadie más,
no pasan pescadores,
ni libreros,
no pasan albañiles,
nadie se cae
de un andamio,
nadie sufre,
nadie ama,
solo mi pobre hermano,
el poeta,
a él le pasan
todas las cosas
y a su dulce querida,
nadie vive
sino él solo,
nadie llora de hambre
o de ira,
nadie sufre en sus versos
porque no puede
pagar el alquiler,
a nadie en poesía
echan a la calle
con camas y con sillas
y en las fábricas
tampoco pasa nada,
no pasa nada,
se hacen paraguas, copas,
armas, locomotoras,
se extraen minerales
rascando el infierno,
hay huelga,
vienen soldados,
disparan,
disparan contra el pueblo,
es decir,
contra la poesía,
y mi hermano
el poeta
estaba enamorado,
o sufría
porque sus sentimiento
son marinos,
ama los puertos
remotos, por sus nombres,
y escribe sobre océanos
que no conoce,
junto a la vida, repleta
como el maíz de granos,
él pasa sin saber
desgranarla,
él sube y baja
sin tocar la tierra,
o a veces
se siente profundísimo
y tenebroso,
él es tan grande
que no cabe en sí mismo,
se enreda y desenreda,
se declara maldito,
lleva con gran dificultad la cruz
de las tinieblas,
piensa que es diferente
a todo el mundo,
todos los días come pan
pero no ha visto nunca
un panadero
ni ha entrado a un sindicato
de panificadores,
y así mi pobre hermano
se hace oscuro,
se tuerce y se retuerce
y se halla
interesante,
interesante,
esta es la palabra,
yo no soy superior
a mi hermano
pero sonrío,
porque voy por las calles
y sólo yo no existo,
la vida corre
como todos los ríos,
yo soy el único
invisible,
no hay misteriosas sombras,
no hay tinieblas,
todo el mundo me habla,
me quieren contar cosas,
me hablan de sus parientes,
de sus miserias
y de sus alegrías,
todos pasan y todos
me dicen algo,
y cuántas cosas hacen!
cortan maderas,
suben hilos eléctricos,
amasan hasta tarde en la noche
el pan de cada día,
con una lanza de hierro
perforan las entrañas
de la tierra
y convierten el hierro
en cerraduras,
suben al cielo y llevan
cartas, sollozos, besos,
en cada puerta
hay alguien,
nace alguno,
o me espera la que amo,
y yo paso y las cosas
me piden que las cante,
yo no tengo tiempo,
debo pensar en todo,
debo volver a casa,
pasar al Partido,
qué puedo hacer,
todo me pide
que hable,
todo me pide
que cante y cante siempre,
todo está lleno
de sueños y sonidos,
la vida es una caja
llena de cantos, se abre
y vuela y viene
una bandada
de pájaros
que quieren contarme algo
descansando en mis hombros,
la vida es una lucha
como un río que avanza
y los hombres
quieren decirme,
decirte,
por qué luchan,
si mueren,
por qué mueren,
y yo paso y no tengo
tiempo para tantas vidas,
yo quiero
que todos vivan
en mi vida
y canten en mi canto,
yo no tengo importancia,
no tengo tiempo
para mis asuntos,
de noche y de día
debo anotar lo que pasa,
y no olvidar a nadie.
Es verdad que de pronto
me fatigo
y miro las estrellas,
me tiendo en el pasto, pasa
un insecto color de violín,
pongo el brazo
sobre un pequeño seno
o bajo la cintura
de la dulce que amo,
y miro el terciopelo
duro
de la noche que tiembla
con sus constelaciones congeladas,
entonces
siento subir a mi alma
la ola de los misterios,
la infancia,
el llanto en los rincones,
la adolescencia triste,
y me da sueño,
y duermo
como un manzano,
me quedo dormido
de inmediato
con las estrellas o sin las estrellas,
con mi amor o sin ella,
y cuando me levanto
se fue la noche,
la calle ha despertado antes que yo,
a su trabajo
van las muchachas pobres,
los pescadores vuelven
del océano,
los mineros
van con zapatos nuevos
entrando en la mina,
todo vive,
todos pasan,
andan apresurados,
y yo tengo apenas tiempo
para vestirme,
yo tengo que correr:
ninguno puede
pasar sin que yo sepa
adónde va, qué cosa
le ha sucedido.
No puedo
sin la vida vivir,
sin el hombre ser hombre
y corro y veo y oigo
y canto,
las estrellas no tienen
nada que ver conmigo,
la soledad no tiene
flor ni fruto.
Dadme para mi vida
todas las vidas,
dadme todo el dolor
de todo el mundo,
yo voy a transformarlo
en esperanza.
Dadme
todas las alegrías,
aun las más secretas,
porque si así no fuera,
cómo van a saberse?
Yo tengo que contarlas,
dadme
las luchas
de cada día
porque ellas son mi canto,
y así andaremos juntos,
codo a codo,
todos los hombres,
mi canto los reúne:
el canto del hombre invisible
que canta con todos los hombres.
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