Comentario de La mujer moderna y sus derechos (1927), de Carmen de Burgos

Carmen de Burgos (1867-1932) fue una escritora española que dedicó su energía vital al activismo político feminista durante las primeras tres décadas del siglo XX. Toda su obra periodística y ensayística estuvo dirigida a sustentar los argumentos necesarios para exigir la igualdad de derechos, libertad y justicia para las mujeres, tanto en lo público, como en lo privado. Siendo pionera, enfrentó diversos ataques religiosos, políticos, intelectuales y sociales en una España conservadora que necesitaba renovarse política y socialmente.

El fragmento analizado corresponde a su ensayo La mujer moderna y sus derechos (1927), obra que «reconstruye no solo la evolución del pensamiento de Carmen de Burgos, sino el proceso histórico del feminismo en España» (Rey, 2018, p. 64). En los ocho párrafos que conforman el texto, la autora denuncia las situaciones que viven las mujeres escritoras al intentar dedicarse al oficio, pues teniendo talento, confrontan el engaño, la explotación, el acoso sexual, la humillación pública, el rechazo y la indiferencia.

Primeramente, califica de reveladora la «literatura especial» de Colette, artista francesa de gran talento, quien escribía obras a solicitud de su esposo Henry Gauthier-Villars (apodado Willy) —que él firmaba— y que, según la autora, «no (eran) de naturaleza femenina», (Burgos, 2014, p. 113).

En segundo lugar menciona a Juana de Ibarbourou, poeta uruguaya que exalta en su poesía el sentimiento amoroso y la naturaleza, de quien reconoce la belleza de sus versos, pero declara que «esos gritos de deseo carnal [...] no pueden formar escuela» (Burgos, 2014, p. 113); reconociendo que es necesario un fino talento para escribir poesía erótica de ese nivel, pues, de lo contrario, la imitación mediocre no llegará a más que la impudicia.

Luego acusa a la crítica literaria masculina de desestimar la capacidad intelectual de la mujer escritora y el talento de la artista, al desviar la atención hacia su atractivo físico o sensualidad durante una entrevista; y, dado el caso de no contar con estos atributos, desvalorándola hasta el ridículo.

Critica duramente la presunción de mala calidad de una obra presentada por una mujer, lo que es un prejuicio característico de la cultura patriarcal. Por el contrario, la misma cultura asume la validez de una obra escrita por un hombre, solo por el hecho de serlo, cuando esto no es más que una falacia.

Concluye evidenciando la falta de acceso de la mujer al espacio público, debido al androcentrismo dominante. Menciona específicamente las academias, que rechazan la presencia y participación de la mujer a pesar de su amplia formación académica y cultural.

Gracias a su sólida formación intelectual, Carmen de Burgos insistió en su lucha y hoy es considerada una «referencia obligada en los estudios de género en Europa» (Louis, 2018, p. 34) al «deconstruir los discursos patriarcales dominantes» (Louis, 2018, p. 40). Su obra y su activismo a favor de la educación y los derechos de la mujer para lograr una España moderna «a comienzos del siglo XX constituye un importantísimo documento histórico» (Rey, 2018, p. 67).

Poco después de su muerte devino la Guerra Civil y el franquismo prohibió la impresión de sus libros, desapareciéndola de la historia literaria y política de España. De ese olvido ha sido rescatada desde finales del siglo pasado y sus escritos tienen una gran vigencia actualmente.

En este siglo XXI, a casi cien años de la obra de Carmen de Burgos, y a pesar de varios avances sociales logrados con mucho esfuerzo, la igualdad de las mujeres sigue siendo un derecho por alcanzar. Así mismo, las escritoras siguen teniendo menor visibilidad y menciones en el mundo literario. Basta ver la lista de los premios Nobel, las antologías publicadas, los galardonados en certámenes nacionales, los académicos nombrados, el canon enseñado en los centros educativos y hasta las entrevistas realizadas con ocasión de una obra publicada por una mujer —con la añadidura de los nuevos espacios de comunicación inmediatos—, para darnos cuenta de que todo el sistema y la cultura sigue siendo androcéntrico.


Referencias y bibliografía

Burgos, C. D. (2014). La mujer moderna y sus derechos. Madrid: Biblioteca Nueva.            https://bv.unir.net:2769/es/lc/unir/titulos/111675

Louis, A. (2018). La identidad feminista en la obra de Carmen de Burgos. Estudios Románicos, 27, 33-48.

Rey, C. N. (2018). El ensayismo de Carmen de Burgos, Colombine, en defensa de la igualdad de la mujer. Estudios Románicos, 27, 61-74.

 - ANEXO

Fragmento

 «Generalmente se pretende de la mujer una literatura especial. Se desea una literatura reveladora que inició desdichadamente Colette, tan gran artista, por la influencia  de Willy, que le hizo no dar en sus libros lo mejor de su espíritu, sino exagerar sensaciones que no son de naturaleza femenina.

Hay quien quiere hallar en los libros femeninos lo que el pudor hace inconfesable. Esos gritos de deseo carnal que resultan bellos en la poesía de Juana de Ibarbourou porque se encuentran en su entraña, tan unidos a su alma y a su cuerpo, que llegan a adquirir ya una pureza casi mística, pero no pueden formar escuela.

Se exige de la mujer perfección. Los críticos, hombres generalmente, la tratan, salvo honrosas excepciones, con desdén o con una galantería más perjudicial aún. En casi todas las críticas, en todas las entrevistas con una mujer, el hombre hace valer su masculinismo para dirigirle alabanzas a la belleza, que merman el valor de los juicios a su intelectualidad; o para mortificarla con el ridículo, si no es joven y bella.

No se deslinda en esto el campo de la actriz y la escritora, que no necesita la exhibición personal al público, sino la madurez de su talento.

Se suele ser inclemente con la labor de la mujer, sin tener en cuenta el mayor número de nulidades y de casos de arribismo de los hombres, no por inferioridad de ellos, sino por el mayor número que concurre y las grandes facilidades que se les dan.

Se quiere comparar a toda mujer solo con los hombres de genio, y no se compara nunca a los ineptos y mediocres con las mujeres geniales. Para cada escritora sin valor hay un millar de hombres en igual caso.

Las Academias cierran obstinadamente sus puertas a la mujer. La Academia Francesa no tiene miembros tan ilustres como algunas de las damas que rechaza. La condesa de Noailles ha sido admitida en la Academia de Bélgica, mientras que le ha negado ese honor su propio país. Mme. Aurel presentó su candidatura y pensó en fundar una Academia de damas.

En nuestra Real Academia Española tuvo entrada doña María Isidra de Guzmán y de la Cerda, protegida de los Reyes, que a su talento y galano decir unía el encanto de sus años juveniles y su belleza. Pero después se cerró a piedra y lodo para las damas» (Burgos, 2018, pp. 112-114).

 


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